Sobre el Arte
“El amor, como el arte no tiene límites en sí mismo, pero encuentra en el hombre grados infinitos. Siempre la elección, la búsqueda: allí está el campo de batalla de las fuerzas... Es porque la elección es la ley de la vida, y cuanto más grande es el espíritu del hombre, más libertad de acción tiene y más está en condiciones de dirigirla a su voluntad.”
Bourdelle
En la actualidad, atendemos a un creciente enceguecimiento cuyo objetivo final parece ser la industrialización de la “no mirada”. Detenerse a contemplar, parece hoy una experiencia inhóspita a la que solo algunos arriesgados se animan a adentrarse.
En los tiempos que corren, se manifiesta una prioridad de la llegada por sobre la del trayecto, donde el tiempo se reduce a la nada y nos coloca en un vacío sideral.
En este contexto sociocultural, mi trabajo diario se dirige a una revalorización de la mirada, del silencio elocuente, de la contemplación gozosa, de la reflexión posterior…
El artista es un investigador cuyo camino lo obliga a mirarse a sí mismo para indagar en la verdad de las cosas. Es un deseo inagotable el motor que empuja diariamente a atacar las mismas angustias y movilizar el trabajo que inevitablemente deviene luego en epifanías plásticas.
Ensayo y error constante, encuentro lúdico con el material, resistencia del soporte, intuición, conocimiento, y por qué no, una curiosidad inocente y hasta ingenua, son algunas de las sensaciones que advierte el artista a la hora del trabajo. Cada vez, como si fuera la primera, el encuentro con la tela en blanco abre paso a la expectativa, la incertidumbre y la angustia. Este silencio previo, de absoluta y cruda soledad preanuncia la insipiente batalla. Horas después, la contienda se desarrolla entre manchas, gestos y estudios compositivos que evidencian la tensión reinante. Median la metáfora, la búsqueda del nudo poético, la omisión de lo obvio frente a la aparición de lo esencial y la sorpresa frente al proceso creativo.
Claramente, la tela ya no será la misma que al comienzo y en esta metamorfosis inevitable, muta también el artista.
Tras las puertas del taller la obra espera ser contemplada, y ya autónoma, se expone frente a ojos ajenos para completar el ciclo necesario. Es allí donde se cierra el proceso y comienza lo que será el silencio del espectador, la contemplación y su consecuente introspección.
El arte no debe responder a elites de privilegio o volverse inentendible; lejos de las modas actuales que estimulan esto, entiendo que un pueblo sin cultura es un pueblo sin proyecciones futuras que limita su desarrollo y potencial. Y que el Arte es la expresión universal del hombre, que desde tiempos remotos, lo ha acompañado a lo largo de la historia.
Mi deseo se hace causa promoviendo el enriquecimiento interior, fomentando la escucha y la mirada, abriendo a la emoción y aspirando, desde el saber, a una mayor libertad individual y colectiva.
Laura Delgado |